Aquí llueve poco y mal: pasan meses sin una gota y luego cae en unas horas lo de medio año. Ese régimen es el peor posible para una cubierta, porque los sumideros se atascan de polvo durante la sequía y el agua llega de golpe, en cantidad, buscando cualquier punto débil. Por eso las filtraciones en esta provincia aparecen siempre el mismo día: el de la primera tormenta fuerte.
En Grupo Construcciones Alicante impermeabilizamos cubiertas, terrazas, sótanos y elementos enterrados en Alicante y provincia. Lo primero es localizar por dónde entra el agua de verdad, que rara vez coincide con el sitio donde aparece la mancha; después se elige el sistema, y sobre todo se resuelven bien los encuentros y los desagües, que es donde falla el noventa por ciento de las impermeabilizaciones.
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Una filtración nunca se queda en una mancha. El agua que entra por la cubierta recorre el forjado, sale por donde encuentra salida y por el camino corroe las armaduras, desprende yeso, estropea el falso techo y la instalación eléctrica que pasa por él. Cuanto más se tarda en actuar, más cara es la reparación, y llega un punto en que el daño estructural es lo que manda el presupuesto.
Impermeabilizar bien de una vez sale más barato que ir parcheando cada temporada de lluvias. Y si se aprovecha para aislar a la vez (la cubierta invertida coloca el aislante encima de la lámina, protegiéndola de los cambios de temperatura), se resuelven dos problemas con un solo andamio y una sola obra, alargando además la vida de la propia impermeabilización.
Con el agua no valen los atajos. Este es el orden que seguimos en cada trabajo:
Localizamos el punto real de entrada, que casi nunca está sobre la mancha: revisamos sumideros, encuentros con petos, juntas de dilatación y pasos de instalaciones, y hacemos prueba de inundación si hace falta.
Presupuesto cerrado con el sistema elegido, la superficie, el tratamiento de encuentros y desagües y la reposición del pavimento si hay que levantarlo.
Preparamos el soporte: limpieza, saneado, formación o corrección de pendientes y sellado de fisuras. Sobre un soporte sucio o con agua embalsada no agarra ningún sistema.
Aplicamos la membrana con especial cuidado en los puntos singulares: entrega en petos, refuerzo en sumideros y esquinas, y sellado de todos los pasos de instalación.
Hacemos prueba de estanqueidad inundando la zona el tiempo necesario y comprobando por debajo antes de colocar ningún acabado encima.
Reponemos el pavimento o el acabado previsto, dejamos los desagües limpios y practicables y entregamos la garantía del sistema instalado por escrito.
Láminas asfálticas. El sistema clásico y muy fiable en cubierta plana. Se colocan en una o dos capas, con solapes soldados y refuerzos en los encuentros. Requiere protección frente al sol (grava, pavimento o autoprotección mineral), porque la radiación ultravioleta es lo que envejece el material.
Membranas líquidas y poliurea. Se aplican formando una capa continua sin juntas, adaptándose a cualquier forma. Son la solución ideal en cubiertas con muchos elementos que rodear (chimeneas, máquinas, pasos de instalación) y en superficies irregulares donde la lámina obligaría a demasiados cortes. La poliurea, además, cura muy rápido y se puede pisar el mismo día.
Morteros impermeabilizantes. Para muros enterrados, sótanos, depósitos y vasos, donde el material debe adherirse al soporte y resistir presión de agua, incluso negativa. Se combinan con bandas de refuerzo en los encuentros de muro y solera.
Cubierta invertida. El aislamiento va encima de la impermeabilización, protegiéndola de los saltos térmicos, que son su principal enemigo. Encima, grava o pavimento flotante. Es la solución más duradera para una azotea, y la que recomendamos cuando hay que rehacerla entera.
El fallo casi nunca está en el centro del paño, que es la parte fácil: está en los encuentros. La entrega de la lámina en el peto sin altura suficiente, el sumidero sin pieza de refuerzo, la junta de dilatación resuelta a ojo, el paso de un cable o un tubo sellado con silicona. Ahí es donde entra el agua, y por eso una impermeabilización barata suele durar dos inviernos: se ahorra precisamente en los detalles que sostienen todo el sistema.
El segundo punto crítico son las pendientes. Una cubierta plana no es plana: debe tener pendiente hacia los sumideros. Si el agua se embalsa, cualquier sistema acaba fallando y, mientras tanto, el peso del agua acumulada carga el forjado. Cuando encontramos zonas donde el agua se queda, formamos pendiente antes de impermeabilizar, aunque suponga más obra.
Y un consejo de mantenimiento que ahorra muchos disgustos: limpiar sumideros y canalones antes del otoño. En una provincia donde puede caer en una tarde lo de varios meses, un sumidero tapado por hojas y polvo convierte una cubierta sana en una piscina. Es media hora de trabajo al año.
Impermeabilizaciones que hacemos habitualmente en Alicante y provincia:
No siempre. Si el soporte está firme y las pendientes son correctas, se puede aplicar una membrana líquida sobre el pavimento existente, tras limpiarlo e imprimarlo, y colocar el acabado encima o dejarla vista. Es más rápido y más económico. Ahora bien, si hay piezas sueltas, el agua ya está bajo el pavimento o las pendientes son incorrectas, hay que levantar: impermeabilizar sobre una capa que ya tiene agua dentro no sirve de nada.
Con método, porque el agua recorre el forjado y sale lejos de donde entra. Se inspeccionan primero los sospechosos habituales (sumideros, encuentros con petos, juntas y pasos de instalaciones) y, si no aparece, se hace una prueba de inundación por zonas, cerrando desagües y observando por debajo. Solo cuando se sabe por dónde entra tiene sentido reparar; parchear la mancha es la forma más segura de volver a hacerlo el año que viene.
Un sistema bien ejecutado y protegido del sol dura entre quince y veinticinco años. Lo que acorta esa vida es la radiación ultravioleta directa sobre la membrana, el agua embalsada por falta de pendiente y los movimientos del soporte sin juntas que los absorban. Por eso las cubiertas con la lámina vista al sol envejecen mucho antes que las protegidas con grava o pavimento.
Sí, con la precaución de no aplicar con el soporte húmedo ni con lluvia prevista en las horas siguientes, y respetando las temperaturas mínimas de cada producto. En este clima hay ventanas de trabajo prácticamente todo el año. Lo que no conviene es aplicar sobre un soporte que no ha secado tras un episodio de lluvia, por urgente que sea la reparación.
En sótanos y garajes el agua empuja desde fuera hacia dentro, lo que se llama presión negativa, y ahí no vale cualquier producto: se usan morteros impermeabilizantes específicos capaces de resistir ese empuje, tratando los encuentros entre muro y solera, que es por donde suele aparecer. Cuando el problema es grave, la solución definitiva pasa por actuar también en el drenaje exterior del muro.
Depende de la configuración del edificio y de los estatutos de la comunidad. Como criterio general, la terraza que es cubierta del edificio se considera elemento común en cuanto a su función de cubierta, aunque su uso sea privativo, y el mantenimiento de la impermeabilización suele corresponder a la comunidad, mientras que el pavimento y los elementos de uso exclusivo son del propietario. Cada caso tiene matices, así que conviene documentar bien el origen del daño antes de plantearlo en la junta.